Ante anuncios como este, uno sólo puede pensar una cosa… ¡Gracias por no haberlo visto antes! Y es que, un servidor ayer tuvo cita con su dentista. Tocaba limpieza, y aunque no fue de sable, uno sacó pingües beneficios ya que empezaba a tener la piñata como los pantys de la Bruja Avería.

Pero centrémonos. Todos recordamos esos viajes interminables a la playa con nuestros padres y hermanos, en los que, tras 3 pescozones de tu querido progenitor (bien merecidos seguramente, ya que siempre conseguían arrancar los aplausos del resto de tu familia), por hacer el imbécil antes de subirte al coche, te montabas bien calentito y con unas ganas de tomarte la revancha.
Que si “¿cuánto queda?”, que si “me la meo toa”, “que si os habéis acordado de apagar el gas”, “que si Pepito me ha robado la almohada”. Pequeñas puyitas, que agravadas por la fantástica voz de castrati que teníamos por entonces, se clavaban en el tímpano de tu padre y, o bien finalizaban con un pellizco en tus piernas, demostrando la insospechada elasticidad del brazo de tu papá o bien con tu padre emulando con su cuello a una lechuza. O a la Niña del Exorcista, si lo prefieres. Más bien esta última, por eso de los improperios y demás.
Y ahora tú dirás… ¿y por qué cojones me habla de esto? Pues por la simple razón, de que los hijos como el DNI no se eligen. Es algo que te toca y con lo que tienes que vivir toda la vida. Y con ello, las posibles distracciones al volante. En cambio, el usar el móvil está en tu mano, manos libres aparte. Que las tecnologías están fetén, no lo vamos a negar y mucho menos lo va a hacer un technoadicto, digo tecnoadicto, pero el whatsapp como bien dice mi tocayo David Guapo, gratis no es tan bueno.
Y ahora tal como te decían tus profesores te diré que… ¡Presta atención, tarugo!
Escrito por David Fernández