Este es uno de esos anuncios que a los “parkimetreros” les sacará la sonrisa lo mismo que a un madridista le alegraría que Dani Alves agarrase una gonorrea. Nos ponemos en situación, vas con tu colega a disfrutar de una sesión de monster trucks, si coño, esos vehículos de los que piensas que su conductor la tiene como el meñique de un bebé y en el parking das más vueltas que la cucharilla del café de mi padre.

No hay sitio. Y si lo hay te lo quitan (cara de pardillo de los protas aparte). Es en esos momentos en que darías parte de tu médula espinal porque aparezca un gorrilla que te solvente el marrón, a pesar de que no tengas nada de suelto y le tengas que dar el peluco.
Tú te paras a pensar y reniegas el momento en que te pusiste a quemar parquímetros y a bendecir al que se le ocurrió lo del SER (Luis del Olmo y Gabilondo, descansar que hoy no va con vosotros la vaina). ¡Tu reino por un sitio para aparcar!
¿Y qué ocurre al final? Pues lo de siempre, que lo dejas donde puedes, porque estás hasta el prepucio y que cojones, si lo hace todo el mundo. Además, va a ser un momentito agente. Si además, el carajillo estaba muy suave.
Y es que las prisas, ya sean en la cama o en la carretera, se pagan. Si ya lo dijo Fernando VII: “Vísteme despacio, que tengo prisa”.
escrito por David Fernández