Ha muerto sin ver el primer Eye-Phone.
Deja atrás una trayectoria vital fascinante y miles de fans desconsolados en todo el mundo.
¿Qué llevó a un chavalín de ascendencia siria adoptado por una pareja americana de clase media-baja a los altares de la religión Geek? Tony Montana diría que su palabra y sus cojones, pero principalmente lo segundo.
Nada que no sepas. Dejó la facultad tras el primer semestre, trabajó en la mítica Atari como diseñador de videojuegos, se encerró en un garaje con su amigo Stephen Wozniak (También conocido como Woz, y si hubiese sido mi colega lo hubiese apodado “El mago de Woz”) y juntos trabajaron en el desarollo de un ordenador dirigido a usuarios sin grandes conocimientos de informática.
Y así empezó la gran historia: Macintosh, Apple, el iMac, el iPod, el iPhone, el iTunes, el iPad y todo un sinfín de software y hardware, que según muchos, marcaron un antes y un después en la historia de la informática.

Pero no todo es diseño, aparatos de aspecto futurista y aplicaciones innovadoras que cambian tu vida para siempre. Era un ídolo por algo. En su discurso en la universidad de Stanford, nos contó, literalmente, su vida.
Y resulta que no era el nerd que hubieses esperado, sentado delante de un ordenador enorme y sacando un sobresaliente detrás de otro mientras anhela en secreto quitarse las gafas y ser capitán del equipo de fútbol.
Pero es mucho mejor que lo veas y lo escuches. O que lo escuches y lo leas, porque tiene subtítulos.
Steve Jobs ha muerto, viva Steve Jobs.