Primero nos tiran las fresas y ahora nos rompen los huevos. No, en serio. ¿Qué clase de problema tienen los franceses con la comida? En el comedor del colegio tienen que ser la hostia.

Hay ciertas cosas en esta vida que una madre es incapaz de dejar de hacer. La primera de todas es coserte a preguntas y rayarse completamente con tu modus operandi los fines de semana, tras ver un reportaje sobre las drogas. Por cosas como esta, casi borro en su día, Antena 3 de la televisión familiar. La segunda es prepararte esos platos que tan sólo ellas dominan a la perfección. Y la tercera y última y quizás, más importante de todas… Comprarte la ropa interior. Ya puedes peinar canas, que oye, unos gayumbos te van a caer por tu santo o navidad, como vive Dios. ¡Y encima acierta con la talla! Iker Jiménez anda loco con este tema.

Ambiente absurdo, símiles sexuales y una musiquilla que ni la presentación de los regalos del 1,2,3, hacen de este anuncio una auténtica pollez que me tiene fascinado.
El slip. Ese calzoncillo que viste tu padre. La ropa interior prehistórica por excelencia. Una prenda que un servidor piensa que tan sólo es simpática si la llevan los niños o bien ya pasas de los 80 años y buscas sujeción en tus carnes flácidas. En la franja intermedia, reconozcámoslo, y, o bien eres Ljunberg o tienes más rabo que el demonio, en el resto de casos quedas como un niño descubriendo la pubertad en la consulta del médico. Y ahora, deja de recordar con nostalgia tus Abanderado. Están bien donde están. En el infierno.
Escrito por David Fernández.