En un mundo en el que todo es tecnológico, a un servidor se le saltan las lágrimas cuando de repente te encuentras una campaña como esta. Una en la que no hay que descargarse nada, ni usar un maldito código BIDI, ni encender 3 veces la luz diciendo Candyman con una vela a oscuras en el baño. No. Publicidad como la de antes. Con los avances de ahora, eso si.

Además, me encanta hacerme pajas mentales, imaginándome como en las consultas del dentista, en vez de arrancar la hoja de la receta de la Brochette de langostinos sobre espejo de azafrán y arroz oriental (que sabes que no vas a hacer en tu puta vida, pero te la llevas antes de que la pille la vieja de enfrente) las señoras mayores se llevarán estos vinilos para el regocijo y deleite de sus churumbeles. Otra es en los kioskos o Vips, en los que más de uno, hemos ido a echar un vistazo a revistas y demás… Porno digo. Las demás también, pero para disimular. Lo dicho, que alguno se lleva el tocadiscos de casa, ya verás.
Otro golpe de pecho de Budweiser. Marca que me tiene enamorado por su genial creatividad. Fan incondicional de sus ganas de reinventarse constantemente. Mira que soy defensor a ultranza de Mahou, pero uno ve estás cosas y le dan ganas de comprarse unos batracios para enseñarles a repetir, como si fueran loros, su anuncio mítico.
Escrito por David Fernández









